viernes, 21 de enero de 2011

Desengaño

Creí, que este cosquilleo que de nuevo me recorría la espalda, sacudiendo a su paso todas las entrañas, era su amor, que en bocanadas de azulado aire, hasta el corazón llegaba. Me confundí, de bruces dí con la crueldad de sus palabras. Ni amor, ni pasión, ni nada de nada.
Á.S

miércoles, 19 de enero de 2011

Sputnik, Mi amor.

A los veintidós años, en primavera, Sumire se enamoró por primera vez. Fue un amor violento como un tornado que barre en línea recta una vasta llanura. Un amor que lo derribó todo a su paso, que lo succionó todo hacia el cielo en su  torbellino, que lo descuartizó todo en un arranque de locura, que lo machacó todo por completo. Y, sin que su furia amainase un ápice, barrió el oceano, arrasó sin misericordia las ruinas de Angkor Vat, calcinó con su fuego las selvas de la India repletas de manadas de desafortunados tigres y, convertido en tempestad de arena del desierto persa, sepultó alguna exotica ciudad amurallada. Fue un amor glorioso, monumental. La persona de quien Sumire se enamoró era diecisiete años mayor que ella, estaba casada. Y debo añadir que era una mujer. Aquí empezó todo y aquí acabó (casi) todo.
HARUKI MURAKAMI

lunes, 17 de enero de 2011

Te imagino y descubro

 Isabel
Me pareció reconocerte
en toda tu persona
sin embargo, no eres tú
la que veo
si acaso huella
el hueco que dejas
recuerdo de ti si
pero no tú.

Ahora, te imagino
y descubro
te miro dentro, desde fuera
reparo en tu gracia
estudio el alma de tu boca
que no es mía
repaso lecciones de ti
te escribo cien veces
sin letra
te llamo sin palabra
recorto la línea de tu curva
me entra el vértigo, contigo.

Sin embargo, no eres tú la que veo
acaso el hueco que dejas
amor de ti si
pero no el tuyo.
En la calle las paredes hablan de ti, arañando ecribo con un fuego en abril

viernes, 14 de enero de 2011

El corazón helado

_ Éste es mi padre_ dijo_ Ignacio Fernández ´Muñoz, alias el Abogado, defensor de Madrid, capitán del Ejército Popular de la República, combatiente antifascista en la Segunda Guerra Mundial, condecorado dos veces por liberar Francia, rojo, y español-_ y en su voz tembló una emoción, un orgullo que Raquel no pudo interpretar..
Había escuchado lo mismo tantas veces, ése era su abuelo, el padre de su padre, que cantaba estoy hasta los cojones de la guerra civil, y se reía, y su hermana, que coreaba sus cantos y sus carcajadas, estaba ahora muy seria, tanto que ni siquiera se molestó en limpiarse las lágrinas que descendían despacio por su mejilla, pero eso no le sorprendió tanto como la reacción del desconocido, casi un muchacho, que se acercó a su abuelo, le tendió la mano, y se dirigió a él con un acento emocionado, el cuerpo muy derecho, la cabeza alta, un gesto de hombre adulto en la mandíbula.
_ Señor, para mí es un honor saludarle.
ALMUDEMA GRANDES

Apendice

Mesticia los ojos
ungidas las mejillas
deslizándose hasta los hombros
avanza el cáliz
de tus pupilas
Á.S.